Introducción


"Hay que detenerse un momento, y mirar al cielo en vez en cuando, y darse cuenta de que A VECES, tienes que hacer las cosas AHORA...
en vez de más TARDE... porque LUEGO... LUEGO puede ser dentro de un montón de años y LUEGO, puede ser ya demasiado TARDE... y lo siguiente a NÚNCA... JAMÁS."

a la libertad...

a la libertad...
Todo lo que no ha salido de mi jaula se encuentra en cursiva

Sólo PRESENTE

jueves, 9 de abril de 2015




Y la vida se refugia
en la habitación de nuestros hijos.

Bajo varias llaves, varios latidos.


Y en nuestro dormitorio
sólo hoy,
sólo camino.


El mañana 
no lo vemos,
se nos ha ido.


Agradezco que en ese hoy,
se me pegue mi cuerpo
a tus sábanas.


Agradezco que a la mañana,
el rebullo de tu silueta
encandile mi mirada.


Y con ese momento,
sólo con ese, me conformo.


Que cuando vuelvo
de mi viaje rutinario,
está todo ordenado.


Todo.
Menos mi cabeza.




"Y es que me haces falta
como la barra larga
del tetris cuando baja".




Y mientras pasa la vida
descalza por la tarima,
para no hacer ruido,
para no despertar
a mi deseo.

En el ESPEJO se MIRA


En el espejo se mira,
no se reconoce, no se acepta.
No son los años perdidos,
ni su amargura,
es el frío de entre las seis
y las seis y media,
es el frío de la puta mañana.

En el espejo busca y se mira
pero en él no habita,
el reflejo de su figura.
Solo el blanco 
del vaho de la ducha,
acompaña al gris, 
de la acera adoquinada
que se asoma por su ventana
en la legañosa madrugada.

En el invierno, el frío 
se pasea en su mirada
Y su llama no es llama, 
no es nada.
Y si llama no oigo,
su voz está ahogada.
Y cuando quiero escucharla
Solo es marzo el que habla.
Canta y tararea
"que poco queda
para el verde,
para su naturaleza"
Calma, paz, sonrisa tierna,
si decido esperar junto a ella.


Y en la espera
Me cubre el ocre de las hojas secas.
Y queda penoso....   sí, da pena.
Estar desnudo de rodillas a cabeza.
El dormir con calcetines,
asesina su hermosura.

Si te veo llorar



Voy a calentar y templar
un ratito antes de que salga,
de mis labios esta palabra.

Dejarla a la temperatura
del vidrio ígneo de tus ojos,
del agua clara de tus ventanas.

La que sale cuando te acuerdas
de las personas ausentadas.

Si hay corriente, que tu sollozo
aterrice suave en la hierba
y obtenga paz en la dehesa,
sosiego de ruinas de España.

Ruinas que le sirvan de abono,
para que mi mugre poesía ,
aflore y no despunte rota.

Para que se escape en voz alta,
y no confunda el aleteo
del despegue de las palomas,
con el murmullo azul del agua
que provocan los hartos remos
de galeotes y sus bogas,
sin ilusión de arribe a puerto,
remando al oscuro destino 
contra la marea y el viento.

Olvida tu pesada angustia
para que también yo me olvide.
Y así el deseo y paroxismo
que nos regala en calma el roce,
de nuestra piel, de nuestro cuero,
sea el motor de nuestros pies,
siguiendo nuestro caminar
después de saltar en el aire,
esos augustos precipicios
que soñamos en Etretat.


Si ALGÚN DÍA me RECUERDAS



Cuando el tiempo
envenene
lentamente
tu infancia.

Cuando el tiempo
a mi destello,
lo sofoque
soplo a soplo,
y ya no ilumine
tu estancia.

Serán otros tiempos.

Resurgirán mis poemas,
siendo engranaje del motor
de las agujas del reloj 
que habitan en tu interior
cuando ya no te acuerdes
de mi voz.


A mi deseo lo encontrarás
en una frase, 
en un rayo, 
en un punto, 
en una luz.

Luz de una estrella,
estrella muerta.
de corto fulgor.

Será tu fuerza
la que habitará,
en mi inconlusa
y sencilla voz
Toma mi palabra.

Y afílala,
mientras bailan
los borregos
su danza,
pues será
tu única arma,

Para que nadie
se atreva a borrar,
de tu cuento
de nunca jamás,
el deseo de Peter pan.

Y si alguien te dibuja
en un valle desolado,
cauce seco,
o árbol cortado...

...mira ese cuadro,
no pagues mi deuda,
y observa
mi nariz
contra la tuya

Recuerda,
que por nuestros ojos cansados
voló el milano.

Recuerda
cuando te secaba
con mi pulgar,
ese rocío tuyo,
ese tan caliente
que caminaba,
por el raso
de tu cara.

Ese rocío
que me mojaba,
que hacía crecer,
las raíces de mi alma.

En mi MINA de CARBÓN



Nunca he bajado a la mina,
pero a veces,

se me ennegrece el corazón.

Cuando subo a la superficie
me escondo con una rana, 

en su casa, en su charca,
donde los nenúfares, en el agua.
Huyendo del beso de las princesas
que nunca beben Ginebra,

que nunca se han colocado.

Y así, mi príncipe se queda,
sumando los huecos de su corazón.
Se queda en el salón leyendo
un poema basura sin aceptación.


Mientras todos sus vecinos disfrutando
de un programa basura en la televisión.


Voy buscando la perspectiva Nevski
dentro de mi cabeza

es un rompecabezas, 
y me falta una pieza.

Con la FE en una MALETA


Tengo la fe
en una maleta
de cartón.
Y en el bolsillo interior,
el aliento...
de los 17, 
de mi juventud.

Mi fe inconsciente,
caminaba en unión
junto a una careta
que llevaba dibujada
la ilusión.

Y en esos días fue pronto,
y ahora es un poco tarde.

Y entre las hojas
de los árboles,
y las de los calendarios,
los hombres
siguen pisoteando
a los soñadores.
Les quitan las alas
y sus ensoñaciones.

Les infunden temores.

Y es ahora,
en el presente,
donde me creo valiente
y a mí de momento
no me vienen
a visitar.

Y si los visito yo,
les hace daño
que les mire,
desde fuera del corral.

Y cuando soy tortuga
y me cogen del caparazón,
escondo mi cabeza,
para no sentir tu dolor.

Y yo como tú,
también tengo amor y dolor.

Pero yo los tengo
dentro de un reloj,
por donde la locura
se me descuelga, 
cuando te pregunto la hora
y me dices que son,
menos dos en tu corazón.

Y muero por volver
a recordar,
cuando veía el mundo
delimitado
por el blanco de tus ojos.

Y tu mundo 
no se da cuenta,
que lo que pienso
no está bien.

Y tu mundo
no se da cuenta
que lo que pienso
no está mal.

Si tengo arte,
tengo dos.
Uno es el arte
de intentar saber caer.
El otro,  el arte de recordar.

Sobre todo recordar,
lo que fui ayer.

Ya no me alivia la oración,
tan sólo me queda
una frase de una canción,
la que acaba donde empiezo yo.

Los ENCUENTROS de un CARACOL AVENTURERO

FÁBULA POÉTICA de FEDERICO GARCÍA LORCA






Hay dulzura infantil en la mañana quieta. Los árboles extienden sus brazos a la tierra. Un vaho tembloroso cubre las sementeras, y las arañas tienden sus caminos de seda -rayas al cristal limpio del aire-. En la alameda un manantial recita su canto entre las hierbas. Y el caracol, pacífico burgués de la vereda, ignorado y humilde, el paisaje contempla. La divina quietud de la Naturaleza le dio valor y fe, y olvidando las penas de su hogar, deseó ver el fin de la senda. Echó a andar e internose

en un bosque de yedras

y de ortigas. 

En medio había dos ranas viejas que tomaban el sol, aburridas y enfermas. "Esos cantos modernos -murmuraba una de ellas- son inútiles". "Todos, amiga -le contesta la otra rana, que estaba herida y casi ciega-. Cuando joven creía que si al fin Dios oyera nuestro canto, tendría compasión. Y mi ciencia, pues ya he vivido mucho, hace que no lo crea. Yo ya no canto más..." Las dos ranas se quejan pidiendo una limosna a una ranita nueva que pasa presumida apartando las hierbas. Ante el bosque sombrío el caracol se aterra. Quiere gritar. No puede. Las ranas se le acercan. "¿Es una mariposa?", dice la casi ciega. "Tiene dos cuernecitos -la otra rana contesta-. Es el caracol. ¿Vienes, caracol, de otras tierras?" "Vengo de mi casa y quiero volverme muy pronto a ella". "Es un bicho muy cobarde -exclama la rana ciega-. ¿No cantas nunca?" "No canto", dice el caracol. "¿Ni rezas?" "Tampoco: nunca aprendí". "¿Ni crees en la vida eterna?" "¿Qué es eso? "Pues vivir siempre en el agua más serena, junto a una tierra florida que a un rico manjar sustenta". "Cuando niño a mí me dijo un día mi pobre abuela que al morirme yo me iría sobre las hojas más tiernas de los árboles más altos". "Una hereje era tu abuela. La verdad te la decimos nosotras. Creerás en ella", dicen las ranas furiosas. "¿Por qué quise ver la senda? -gime el caracol-. Sí creo por siempre en la vida eterna que predicáis..." Las ranas, muy pensativas, se alejan. y el caracol, asustado, se va perdiendo en la selva. Las dos ranas mendigas como esfinges se quedan. Una de ellas pregunta: "¿Crees tú en la vida eterna?" "Yo no", dice muy triste la rana herida y ciega. "¿Por qué hemos dicho, entonces, al caracol que crea?" "Por qué... No sé por qué -dice la rana ciega-. Me lleno de emoción al sentir la firmeza con que llaman mis hijos a Dios desde la acequia..." El pobre caracol vuelve atrás. Ya en la senda un silencio ondulado mana de la alameda. Con un grupo de hormigas encarnadas se encuentra. Van muy alborotadas, arrastrando tras ellas a otra hormiga que tiene tronchadas las antenas. El caracol exclama: "Hormiguitas, paciencia. ¿Por qué así maltratáis a vuestra compañera? Contadme lo que ha hecho. Yo juzgaré en conciencia. Cuéntalo tú, hormiguita". La hormiga, medio muerta, dice muy tristemente "Yo he visto las estrellas." "¿Qué son las estrellas?", dicen las hormigas inquietas. Y el caracol pregunta pensativo: "¿Estrellas?" "Sí -repite la hormiga-, he visto las estrellas, subí al árbol más alto que tiene la alameda y vi miles de ojos dentro de mis tinieblas". El caracol pregunta: "¿Pero qué son las estrellas?" "Son luces que llevamos sobre nuestra cabeza". "Nosotras no las vemos", las hormigas comentan. Y el caracol: "Mi vista sólo alcanza a las hierbas." Las hormigas exclaman moviendo sus antenas: "Te mataremos; eres perezosa y perversa. El trabajo es tu ley." "Yo he visto a las estrellas", dice la hormiga herida. Y el caracol sentencia: "Dejadla que se vaya. seguid vuestras faenas. Es fácil que muy pronto ya rendida se muera". Por el aire dulzón ha cruzado una abeja. La hormiga, agonizando, huele la tarde inmensa, y dice: "Es la que viene a llevarme a una estrella". Las demás hormiguitas huyen al verla muerta. El caracol suspira y aturdido se aleja lleno de confusión por lo eterno. "La senda no tiene fin -exclama-. Acaso a las estrellas se llegue por aquí. Pero mi gran torpeza me impedirá llegar. No hay que pensar en ellas". Todo estaba brumoso de sol débil y niebla. Campanarios lejanos llaman gente a la iglesia, y el caracol, pacífico burgués de la vereda, aturdido e inquieto, el paisaje contempla.

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